20/10/2020

Loreto Noticias

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¿El cierre de escuelas ha sido una intervención eficaz durante la pandemia?

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En lugar del cierre total de la escuela, se podrían implementar estrategias alternativas para contener la transmisión, como reducir el tamaño de las clases, el distanciamiento físico y la promoción de la higiene. Esa es una sentencia que, palabras más, palabras menos, se puede leer en una decena de informes que llenan los medios especializados en ciencias durante estos días.

Experiencias relevadas y relatadas por profesionales de toda Europa, Estados Unidos, China, Australia y Latinoamérica coinciden en un análisis retrospectivo sobre el papel del cierre de escuelas en la pandemia del coronavirus 2019

La razón más importante que llevó a los gobiernos a cerrar escuelas fue la evidencia de que la introducción temprana de esta medida restrictiva había sido eficaz para reducir las tasas de incidencia de la influenza y los problemas clínicos, sociales y económicos relacionados durante los brotes de influenza estacional y pandémica. “Sin embargo no es del todo seguro que se puedan esperar las mismas ventajas en el caso de la pandemia de COVID-19. Incluso es posible que el cierre de escuelas tenga efectos negativos y genere mayores problemas médicos, económicos y sociales”, explicó Susanna Esposito, clínica pediátrica del Hospital Infantil Pietro Barilla, Universidad de Parma, Italia en el escrito que lidera junto a un grupo de colegas.

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Los estudios de modelos parecen indicar que el cierre de escuelas puede ser significativamente eficaz para el control de infecciones solo cuando los brotes se deben a virus con baja transmisibilidad y las tasas de ataque son más altas en niños que en adultos. Esto se aplica a los virus de la influenza y la infección por influenza, pero no parece válido para los coronavirus, que tiene una dinámica de transmisión diferente, o para el COVID-19, que afecta principalmente a adultos y personas de edad avanzada.

Niños en números

Se ha calculado que el número esperado de contagios generados directamente por 1 caso de infección por SARS-CoV-2 (R 0) es alto y no inferior a 2,5. Además, los niños menores de 10 años representan solo el 1% de los casos de COVID-19, y aunque algunos de ellos pueden experimentar una infección asintomática, el número total de niños con infección por SARS-CoV-2 parece menor de lo esperado. Aunque no hay datos oficiales disponibles, hasta donde sabemos, sobre la efectividad del cierre de escuelas durante la epidemia de COVID-19, la escasa relevancia de esta medida restrictiva parece confirmada por la evidencia de que en Taiwán, la propagación de COVID-19 se minimizó sin generalizar cierres de escuelas planificados.

Por otro lado, utilizando datos de población y escuelas del Reino Unido junto con datos sobre la dinámica de transmisión del SARS-CoV-2 calculados en la primera pandemia de COVID-19 en China, se predijo que el cierre de escuelas sería insuficiente para mitigar la pandemia.

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Finalmente, el pobre efecto del cierre de escuelas durante las epidemias de coronavirus ya se ha evidenciado en algunos estudios realizados durante la epidemia de SARS. En China, se descubrió que el cierre de la escuela durante 2 meses no era significativamente efectivo para la prevención de enfermedades, principalmente debido a la muy baja incidencia de enfermedades sintomáticas entre los niños en edad escolar. Además, en Taiwán se evidenció que el riesgo de transmisión de la infección entre los niños en un aula era muy bajo, destacando claramente que el cierre de escuelas solo podría ser marginalmente efectivo.

En una revisión sistemática Russell M Viner y sus colegas de la Universidad College de Londres demostraron que no hay datos sobre la contribución relativa del cierre de escuelas al control de transmisión del SARS-CoV-2. Los datos del brote de SARS en China continental, Hong Kong y Singapur sugieren que el cierre de escuelas no contribuyó al control de la epidemia. Estudios de modelado recientes de COVID-19 del Reino Unido utilizando datos del brote de la provincia de Wuhan, China, predijeron que el cierre de escuelas por sí solo evitaría solo del 2% al 4% de las muertes, mucho menos que otras intervenciones de distanciamiento social.

Eficacia homeschoolling

Un equipo de especialistas del Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad de Karlstad, Suecia han proporcionado varios argumentos en contra de los beneficios del cierre de escuelas, que han sido promulgados por más del 90% de los países durante la pandemia de la enfermedad COVID-19. Sin embargo, algunos de los puntos planteados por los autores parecían discutibles.

Primero, las transmisiones bajas entre niños no necesariamente sugieren transmisiones bajas entre niños y adultos. Además, el número reproductivo básico puede variar entre diferentes poblaciones. Por lo tanto, el bajo entre los niños en edad escolar en Taiwán puede no ser generalizable a otros países. Como uno de los pocos países que no había promulgado cierres de escuelas en todo el país, Taiwán extendió el cierre de invierno por 2 semanas en febrero de este año. Los cierres temporales de escuelas en la fase inicial después del brote podrían haber brindado oportunidades para el gobierno para planificar controles fronterizos más estrictos y otras medidas de detección y seguimiento para frenar la propagación del virus. Por lo tanto, sería descabellado refutar el papel de los cierres de escuelas en la ralentización de la propagación viral utilizando Taiwán, que implementó una respuesta rápida y temprana al COVID-19, como ejemplo.

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En segundo lugar, los autores citaron el estudio de modelos que informa que la tasa de mortalidad solo puede reducirse entre un 2% y un 4% con el cierre de escuelas. De hecho, según ese esquema la estrategia consistente en la cuarentena voluntaria combinada con el aislamiento domiciliario y el distanciamiento social redujo las tasas de mortalidad en un 13%, mientras que la estrategia consistente en la cuarentena voluntaria combinada con el aislamiento domiciliario y el distanciamiento social, así como el cierre de escuelas, podría reducir las tasas de mortalidad en un 29%. La última estrategia contribuye así a una reducción del doble de las tasas de mortalidad en comparación con la primera estrategia. Por lo tanto, a pesar del papel limitado de cualquier intervención aislada, la combinación de múltiples intervenciones tiene un efecto sustancial en la transmisión de COVID-19 porque estas diferentes medidas no solo ejercen efectos conjuntos aditivos sobre las tasas de mortalidad.

Daños colaterales

Si bien la eficacia del cierre de escuelas es discutible, no se pueden ignorar las posibles consecuencias negativas de esta medida. Algunas afectan a la familia. Para cuidar a los más pequeños cuando las guarderías y escuelas están cerradas, los padres deben permanecer en casa, con inevitables consecuencias económicas. Además, cuando los adultos son trabajadores de la salud, esto puede tener efectos médicos importantes. Si los padres deben trabajar y los abuelos deben convertirse en los principales cuidadores de los niños, aumenta significativamente el riesgo de que estas personas, que por sí mismas tienen el mayor riesgo de contraer una enfermedad grave, se infecten, y esto es lo que sucedió en Italia en las primeras 2 semanas cuando se decidió el cierre de la escuela pero no se detuvieron otras actividades laborales. Además, el cierre escolar puede generar riesgos de profundizar las desigualdades sociales, económicas y de salud, particularmente en países de ingresos limitados.

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En los países donde tuvo lugar la epidemia de ébola entre 2014 y 2016, el cierre de escuelas se asoció con un aumento del trabajo infantil, la violencia y los problemas socioeconómicos. Finalmente, la educación a distancia a través de tecnologías digitales que ha sido planificada por varios países para reemplazar la escuela tradicional puede ser difícil de implementar incluso en algunos industrializados.

En Argentina, por ejemplo, según las últimas pruebas Aprender, el 19,5% de los estudiantes de primaria no dispone de conectividad en el hogar. Más aún, el 23,7% de los chicos no cuenta con una computadora ni propia ni de su familia.

Los datos están recopilados en un nuevo informe del Observatorio Argentinos por la Educación. Su autor, Alejandro Artopoulos, pone el foco también en la calidad de esa conectividad, que en muchas ocasiones está debajo del mínimo necesario para acceder a clases remotas. También, agrega, es posible que los números estén inflados ya que el cuestionario no especifica si se trata de internet móvil o fija.

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“Más de la mitad (54.11%) de las conexiones son de una velocidad menor a 20 Mbps, lo que no asegura actividades sincrónicas. Si bien estos datos no discriminan conexiones hogareñas de comerciales, sí permiten apreciar que un tercio (32.52%) de conexiones se encuentran en la zona ’roja’ de la banda angosta con velocidades menores a 6 Mbps. Tener internet no es sinónimo de estar conectados, solo con una computadora por chico y banda ancha (más de 20 Mbps.) se puede garantizar la continuidad escolar”,explicó. A esto se suma el dato de que, según una encuesta de Sadop, el sindicato de los docentes privados, el 63 por ciento de los maestros no tiene una PC propia para desarrollar sus tareas laborales.

Estos datos implican que un grupo relevante de niños puede quedar sustancialmente excluido no solo del aprendizaje sino también de cualquier forma de socialización con sus compañeros y con el mundo circundante. Todas estas limitaciones explican por qué algunos expertos sugieren que las posibles ventajas del cierre de escuelas, si las hay, deben sopesarse con los efectos secundarios adversos. En lugar del cierre total de la escuela, se podrían implementar estrategias alternativas para contener la transmisión, como reducir el tamaño de las clases, el distanciamiento físico y la promoción de la higiene.

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Otro problema importante pero no resuelto estrictamente relacionado con el cierre de la escuela es cómo y cuándo se puede reabrir un establecimiento. Durante los brotes de influenza, la reapertura se ha asociado con el riesgo de un resurgimiento de la epidemia. Se desconoce la mejor solución para la pandemia de COVID-19. Se ha sugerido que los niños que dan positivo en las pruebas serológicas podrían ingresar a la escuela. Se supone que la positividad podría permitir la identificación de niños que ya han sido infectados, pueden considerarse protegidos y pueden asistir a la escuela sin presentar riesgos per se para otros niños. Sin embargo, el uso de este procedimiento puede ser fuertemente criticado. La sensibilidad de las pruebas de anticuerpos actualmente disponibles es subóptima. La mayoría de los niños tienen una infección asintomática. Además, incluso cuando se miden los niveles de anticuerpos, no es posible establecer si los niños están protegidos o cuánto tiempo puede durar la protección.

Otros criterios, como la adopción sistemática de mascarillas con algunas lecciones sobre este tema y sobre todas las medidas de higiene para la prevención del COVID-19, el cribado con mediciones de temperatura o el cierre de aulas con estudiantes infectados, deben seguirse cuando se reanude la escuela.

(Con información de Infobae)