03/08/2021

Loreto Noticias

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La trágica historia de un suicidio por COVID-19 en Perú

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El último día de la vida de Javier Vilca, su mujer se plantó frente a la ventana del hospital con un oso de peluche, globos rojos y una caja de bombones para celebrar su cumpleaños, y levantó un cartel gigante dibujado a mano que decía: No te rindas. Eres el mejor hombre del mundo”.

Minutos después, Vilca, un periodista radiofónico de 43 años que había luchado contra la depresión, saltó cuatro pisos hasta morir, el quinto suicidio de un paciente de COVID-19 en el agobiado hospital Honorio Delgado de Perú desde que comenzó la pandemia.

Vilca se convirtió en un símbolo más de la desesperación causada por el coronavirus y de las crudas y aparentemente crecientes desigualdades puestas de manifiesto por el COVID-19 en su camino hacia una cifra mundial de 4 millones de muertos, un hito registrado el miércoles por la Universidad Johns Hopkins.

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En el hospital en el que murió Vilca el 24 de junio, un solo médico y tres enfermeras se apresuraban frenéticamente a tratar a 80 pacientes en una sala improvisada y abarrotada, mientras Vilca jadeaba debido a la grave escasez de oxígeno embotellado.

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Perú ha sido uno de los países más afectados por el virus, con la mayor mortalidad del mundo en porcentaje de su población.

En Arequipa, el suicidio de Vilca saltó a las portadas de los periódicos de la ciudad de un millón de habitantes.

Su viuda dijo que su muerte era una protesta contra el deterioro de las condiciones de los pacientes de COVID-19.

Perú sólo cuenta con 2.678 camas de cuidados intensivos para una población de 32 millones de habitantes, un número insignificante incluso para los bajos estándares de América Latina

Vilca tampoco estaba entre el afortunado 14% de peruanos que han recibido una sola dosis de la vacuna.

En todo el país, ha surgido una nueva rutina, ya que la gente pasa sus días luchando por llenar los pesados tanques de oxígeno verdes comprados en el mercado negro, que son un salvavidas para los seres queridos enfermos.

Algunos comercios han triplicado el precio del oxígeno, obligando a muchas personas a saquear sus ahorros o a vender sus pertenencias.

Desde el hospital donde Vilca se quitó la vida, llamaba y decía que estaban todos abandonados. Nadie le hacía caso, dice su viuda, mostrando en su móvil una foto que su marido envió en uno de los raros momentos en que tuvo la suerte de tener una máscara de oxígeno.

(Con información de Infobae)