24/09/2021

Loreto Noticias

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Por qué la infección de avance es el nuevo concepto para explicar la enfermedad en los ya vacunados

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Recientemente, ha habido varios informes de infecciones de avance del SARS-CoV-2 que han ocurrido entre vacunados.

El término infección irruptiva implica que el virus rompió una barrera protectora proporcionada por la vacuna. 

Se considera una infección como irruptiva cuando alguien que recibió una vacuna COVID-19 contrae el virus más de 14 días después de haber sido completamente vacunado.

Mientras esto podría suponer una puesta en duda de la efectividad de las inyecciones, un equipo de trabajo de la Universidad de Tuluane, en Estados Unidos, publicó un documento en The Journal of Clinical Investigation que analiza por qué es preciso continuar con las campañas de vacunación, aunque algunos casos inoculados adquieran el virus.

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La interpretación de esta respuesta radica en la comprensión fundamental del sistema inmunológico de las mucosas en todo el tracto respiratorio: el tracto respiratorio superior y el tracto respiratorio inferior.

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Las vacunas actuales previenen el COVID-19 -explica John S. Schieffelin, autor principal del estudio-, por definición una enfermedad del tracto respiratorio inferior, en más del 90% de los Estudios recientes de individuos completamente vacunados monitoreados por pruebas nasales de rutina han mostrado reducciones marcadaspero no una ausencia completa, de pruebas positivas para SARS-CoV-2. Creemos que es un error pensar que estas vacunas evitarán la infección nasal (de las vías respiratorias superiores). Esta inferencia se basa en las rutas actuales de inmunización”.

El documento indica que las vacunas actuales provocan IgG anti-pico, así como respuestas de células T que pueden detectarse en sangre. 

Sin embargo, hay escasez de datos sobre si estas vacunas intramusculares provocan respuestas inmunitarias específicas del tracto respiratorio, como la generación de células B de memoria residentes en el tejido o células T. “De hecho, esto es muy poco probable”, afirma el especialista.

Las lecciones de las vacunas conjugadas deStreptococcus pneumoniae muestran fuertes efectos en la reducción de la meningitis y, hasta cierto punto, la neumonía debido a los erotipos deS. pneumoniae en la vacuna.

“Sin embargo, estas vacunas no previenen por completo la colonización nasal -ejemplifica Schieffelin-. La experiencia clínica previa con el anticuerpo monoclonal anti-virus sin citial respiratorio (anti-VRS) tuvo poco efecto sobre la infección por VRS del tracto respiratorio superior, pero impidió la hospitalización”.

De manera similar, la vacuna antigripal inactivada estacional administrada por vía intramuscular protege a las personas contra enfermedades respiratorias agudas y se asocia con altos niveles de anticuerpos séricos neutralizantes del virus, pero no bloquea la transmisión viral como se observó en cohortes que incluían contactos domésticos. 

“Sobre esta base, predeciríamos que las vacunas para enfrentar el COVID tendrían poco efecto sobre la infección nasal, el transporte nasal o, lo que es más importante, la diseminación nasal del virus. Por lo tanto, la vacunación con las vacunas aprobadas actualmente no eliminará la necesidad de continuar con algunos procedimientos de mitigación como el uso de mascarillas y el distanciamiento social en escenarios de contacto de alta densidad si no se alcanzan altas tasas de vacunación para lograr la inmunidad colectiva”, completa el investigador.

Entender el valor de la vacuna

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Para los especialistas de este informe, no se ha hecho un buen trabajo al comunicar el concepto sobre la posibilidad de una infección nasal limitada en las personas vacunadas. 

“Comprender los aspectos regionales (tracto respiratorio superior o inferior) de la eficacia de la vacuna es clave para garantizar la confianza del público en ellas, así como para ayudar a las personas a comprender la necesidad de seguir cumpliendo con las recomendaciones de mitigación de salud pública”.

En otras palabras, se debe esperar que las vacunas contra el SARS-CoV-2 prevengan la enfermedad, pero sin una vacuna que bloquee la transmisión o sin lograr la inmunidad colectiva, no es posible apostar sólo a vacunar para regresar al 100% de las actividades prepandémicas.

Es más, según se cita en la investigación, “esto destaca la necesidad de financiar también la investigación básica para desarrollar vacunas mucosas seguras que puedan generar células T y B de memoria residentes en el tejido en la mucosa respiratoria que puedan ser más efectivas para mediar la inmunidad esterilizante en el tracto respiratorio”.

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De hecho, un estudio reciente publicado en Cell realizado por un equipo de trabajo de la Universidad de Washington, utilizó vacunas de adenovirus de la mucosa y pareció ser superior en el control de la carga viral en el tracto respiratorio de las vías intramusculares

Necesitamos una definición más precisa de lo que es un verdadero caso de avance -explica Schieffelin-. Sugerimos que la enfermedad de avance debe definirse mediante una prueba de PCR positiva para el SARS-CoV-2 del tracto respiratorio y la documentación de la enfermedad del tracto respiratorio inferior”.

Por otro lado, la detección del virus SARS-CoV-2 en el tracto respiratorio superior en un individuo completamente vacunado sin síntomas o con síntomas leves de infección en él (con pérdida del olfato, por ejemplo) no cumpliría los criterios para una infección irruptiva.

“Esto no quiere decir que estas pruebas positivas no sean infecciones -advierte-, ya que conllevan el riesgo de transmisión, simplemente no son infecciones de avance”.

Para los investigadores quizás se clasifiquen mejor como “infecciones del tracto respiratorio superior posvacunación”. 

Los criterios formales para una verdadera infección irruptiva podrían incluir otros criterios, fundamentales para determinar qué pruebas positivas de SARS-CoV-2 son verdaderas fallas de la vacuna en el tracto respiratorio inferior en comparación con el superior. 

“En el entorno actual de vacilación sobre las vacunas, estas distinciones serán cruciales para mantener, y posiblemente aumentar, la confianza del público en las vacunas, así como para comprender el papel de la vacunación para poner fin a la pandemia”, concluyó Schieffelin.

(Con información de Infobae)