28/11/2021

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Terror entre las mujeres de Kabul: “Estamos confinadas y la muerte nos amenaza”

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El advenimiento de un nuevo régimen talibán en Afganistán hace temer un nuevo recorte de derechos y libertades que podría afectar a las mujeres, principales beneficiadas del fin en 2001 del denominado Emirato Islámico, bajo el que no podían ni estudiar ni trabajar.

Los talibán aplicaban entonces una estricta interpretación religiosa según la cual básicamente las mujeres no podían tener ningún tipo de vida pública, ocultas a ojos de cualquiera que no fuese su marido o guardián varón. 

Quienes incumpliesen sus normas se arriesgaban a castigos bárbaros, incluida la lapidación pública.

Durante estos últimos años, los talibán han tratado de lavar su imagen, hasta el punto de que uno de los representantes en las negociaciones de paz con el Gobierno, Suhail Shaheen, ha asegurado a la cadena británica BBC que ahora quieren que las mujeres sigan teniendo acceso a clases y empleos.

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“Respetaremos los derechos de las mujeres”, ha prometido este portavoz, que sin embargo ya ha anticipado algunas restricciones, como que por ejemplo las mujeres deberían vestir al menos hiyab, un tipo de velo que cubre al menos la cabeza y el pecho y deja el rostro al descubierto.

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Los talibán también han tratado de desmentir las informaciones sobre supuestos abusos contra las mujeres en las zonas que han ido conquistando en estos últimos días, si bien desde la ONU, su Alta Comisionada de Derechos Humanos, Michelle Bachelet, advirtió la semana pasada de que las informaciones que llegaban del país asiático eran cuanto menos preocupantes.

“Hemos recibido informaciones de mujeres y niñas de varios distritos bajo control de los talibán a las que se prohíbe salir de casa sin un guardián masculino”avisó, en un mensaje de advertencia sobre las consecuencias que podría acarrear para los civiles la ofensiva talibán, especialmente para los colectivos más vulnerables.

Para una mujer afgana, la diferencia entre haber marchado al extranjero o, como la mayoría, haberse quedado en su país, es en estos momentos el todo o la nada, vivir riendo o morir en vida.

Así lo describe Khadija al teléfono desde su casa en Kabul, atemorizada tras la captura de su ciudad por los talibanes, mientras pide auxilio a su cuñada Mina, afgana de 28 años criada desde los 7 en Madrid, que lamenta no poder hacer nada por ella. 

“Morir en vida”, sentencia en inglés Khadija, de 23 años.

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El temor de las mujeres trabajadoras

Aaisha, una conocida presentadora y periodista afgana, dijo en una entrevista a The Guardian, que ha visto cómo los esfuerzos de su vida se desmoronan en lo que parecieron segundos.

“Durante muchos años, trabajé como periodista … para alzar la voz de los afganos, especialmente de las mujeres afganas, pero ahora nuestra identidad está siendo destruida y no hemos hecho nada para merecer esto”, comentó.

“En las últimas 24 horas, nuestras vidas han cambiado y hemos estado confinados en nuestros hogares, y la muerte nos amenaza en todo momento”.

Las mujeres periodistas afganas reciben constantemente amenazas de muerte de los talibanes y de otras personas que están de acuerdo en que las mujeres no deben ser tratadas como iguales.

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Otra de las mujeres, la cual usó el nombre de Fereyba, recordó en la nota el momento exacto en el que escuchó que los talibanes estaban entrando por las puertas de Kabul.

“Estaba fuera de casa y acabo de recibir una llamada de mi hermano que me decía ‘¿Dónde estás? Tienes que irte a casa ahora mismo, fue muy aterrador”.

“No puedes imaginar la imagen de las personas y los ojos, y los rostros y las expresiones”.

Con la voz ahogada, dijo que los informes de mujeres y niñas golpeadas, tomadas por la fuerza como esposas y violadas la dejaron en pánico de que este pronto podría ser su destino.

“Primero estoy preocupada por mí misma porque soy una niña, y también una mujer periodista”, dijo. “En las provincias se llevaron a algunas niñas y las usaron como esclavas”.

El peor país para la mujer

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Durante el régimen talibán, uno de sus portavoces llegó a declarar que “la cara de una mujer es una fuente de corrupción”.

Un estudio de ONU Mujeres denomina la segregación sistemática de la sociedad afgana aquellos años como un “apartheid de género”, pues las mujeres no podían trabajar, ni estudiar a partir de los 8 años o salir al balcón de su casa sin un hombre.

Ninguna chica debía hablar en voz alta o reír en la calle, ya que ningún extraño debía escuchar la voz de una mujer.

Afganistán ya era en 2011 el peor país donde una mujer podía vivir, según una encuesta de la fundación Thomson Reuters, y ahora todo indica que la situación para ellas solo va a empeorar.

Mina recuerda que en casa de sus padres tiene fotos de su tía en Kabul en la década de 1970, vestida con minifalda y atuendos de moda, como cualquier mujer urbana en aquella época.

”No es retroceder unos años, es volver a la edad media”, asegura con firmeza.

Ella se casó libremente con su marido en 2019 y ambos viven desde entonces juntos.

Khadija, sin embargo, cree que a partir de ahora ninguna mujer podrá elegir su vida. Opina que la mayoría de los talibanes tiene “delirios y problemas mentales” y “no entiende lo que es Afganistán, muchos ni siquiera son de aquí”.

Es la diferencia de ser mujer en un país con libertades o sin ellas, la suerte de estar protegida por un Estado o despertarte un día en una enorme cárcel de mujeres.

(con información de Infobae)