30/10/2020

Loreto Noticias

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Una combinación de apertura y prueba, rastreo y aislamiento: el camino para abrir las escuelas

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La mayoría de los gobiernos del mundo ha cerrado temporalmente las instituciones educativas en un intento por contener la propagación del COVID-19, lo que ha afectado a cientos de millones de estudiantes. Hoy los debates se dan en el cómo y cuándo regresar.

Los niños pequeños son extremadamente eficientes para contraer y transmitir infecciones respiratorias. Esta idea está respaldada por una gran cantidad de evidencia científica, que se reforzó enormemente durante la pandemia de influenza H1N1 2009. Numerosos estudios demostraron el papel fundamental que desempeñan los niños en la propagación de este virus.

Al enfrentarse a la perspectiva de una devastadora pandemia de COVID-19, era natural que los responsables políticos decidieran cerrar las escuelas para intentar frenar o prevenir la transmisión. La UNESCO estimó que más del 60% de los estudiantes del mundo ha tenido su educación interrumpida por el cierre de escuelas nacionales durante la pandemia de COVID-19. Es probable que estos cierres provoquen daños en el desarrollo social, psicológico y educativo de los niños, así como la pérdida de ingresos y productividad en los adultos que no pueden trabajar debido a las responsabilidades del cuidado de los niños.

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A medida que se avanza hacia una fase de revisión, en un informe presentado por la Iniciativa DELVE de la Royal Society de Gran Bretaña, entidad concentrada en la evaluación de datos y aprendizaje para epidemias virales en un grupo multidisciplinario de profesionales, se expresa que existen riesgos por tener escuelas abiertas y cerradas. En las primeras, los riesgos para los propios alumnos de COVID-19 son muy bajos, aunque existen riesgos para el personal escolar, los padres/cuidadores y la comunidad en general.

En tanto las entidades educativas cerradas provocan la pérdida del aprendizaje y el deterioro de la salud física y mental de los niños. Para este grupo de estudio mantener las escuelas cerradas aumenta las desigualdades, tanto en el rendimiento educativo de los niños como en sus perspectivas a largo plazo. Por lo tanto, se necesita que las escuelas estén abiertas. Este hecho, indican “también es la clave para desbloquear el resto de la economía, permitiendo a los padres dejar la enseñanza a los maestros y regresar a sus propios trabajos”.

La evidencia sobre el riesgo de infección por la apertura de escuelas es limitada, aunque hasta la fecha sugiere que el riesgo de abrir escuelas, en relación con el reinicio de muchas otras actividades, no es tan alto. La experiencia de la mayoría de los demás países que ya han dado este paso lo respalda. Por el contrario, la evidencia sobre el impacto negativo del cierre de escuelas es considerable y sólida.

Materia de debate

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Dos estudios publicados en The Lancet Child & Adolescent Health buscan detenerse en este debate. Kristine Macartney encabezó un estudio junto a otros colegas del Centro Nacional de Investigación y Vigilancia de Inmunizaciones, Hospital de Niños de Westmead y Universidad de Sydney, Australia detallando la transmisión del coronavirus en escuelas y centros de atención y educación de la primera infancia en Nueva Gales del Sur, Australia, durante la primera parte de la epidemia. Durante gran parte de este período, las instalaciones educativas estuvieron abiertas formalmente, aunque las tasas de asistencia cayeron abruptamente en las escuelas a mediados o finales de marzo de 2020, cuando se implementó la educación a distancia.

Macartney y sus colegas se centraron en la población pediátrica y adulta que habían asistido a una escuela o un centro de educación y atención de la primera infancia mientras eran fuente de contagio potencial (definido como 24 hs. antes de la aparición de los síntomas). Se identificaron 27 casos primarios (56% del personal) y 1448 contactos cercanos. Casi la mitad de estos contactos cercanos fueron evaluados virológica o serológicamente, pero solo se identificaron 18 casos secundarios. Estas tasas muy bajas de infección deben interpretarse con cautela, porque se tomaron medidas de mitigación: la mayoría de las instalaciones educativas se cerraron brevemente después de la identificación del caso, y se esperaba que los contactos cercanos se mantuvieran en cuarentena domiciliaria durante 14 días.

Sin embargo, el resultado se alinea con los hallazgos de un estudio similar realizado por un grupo de especialistas del Servicio de Salud, de Dublín, Irlandatambién durante la primera parte de la epidemia, en la que seis casos confirmados (tres adultos y tres niños) asistieron a escuelas. No se documentaron casos secundarios derivados de los casos pediátricos.

Una excepción notable al patrón general de tasas de ataque muy bajas en entornos escolares ocurrió durante un brote centrado en una escuela secundaria en el norte de Francia. Según se revela en el documento que lo relevó, las tasas desinfección fueron altas en los estudiantes (de 14 a 18 años) y el personal (38% y 49%, respectivamente), y mucho más bajas entre los padres y hermanos (11% y 10%, respectivamente), lo que sugiere que la infección se concentró dentro de la escuela. Un estudio de seguimiento en las escuelas primarias locales revelaron tasas de infección mucho más bajas (6-12%) entre el personal, los estudiantes y los miembros de la familia, y no hubo evidencia convincente de transmisión secundaria dentro de las escuelas. El contraste entre las tasas de infección en las escuelas secundarias y primarias podría resultar importante.

El rastreo de contactos de Corea del Sur sugiere que las tasas de COVID-19 entre los contactos domésticos de los casos fueron más bajas cuando el caso índice tenía menos de 10 años (tres [5%] de 57) y más altas cuando el caso índice tenía entre 10 y 19 años (43 [19%] de 231). Si los niños pequeños son menos infecciosos que los adultos, entonces debe haber una edad en la que comiencen a ser tan infecciosos como las personas mayores. Los estudios franceses y coreanos sugieren que esto podría ocurrir durante la adolescencia, lo que podría implicar consecuencias en las decisiones a tomar con las escuelas, colegios y universidades a la hora de regresar.

Posible plan de escape

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En uno de los más recientes informes presentados en la revista científica The Lancet, los especialistas del Departamento de Investigación en Salud Aplicada, University College London, exponen un modelo que sugiere que “si las escuelas y la sociedad reabrieran a tiempo completo o en un sistema de rotación a tiempo parcial, con una cobertura suficientemente amplia de un programa de prueba-rastreo-aislamiento, se podría prevenir una segunda ola de COVID-19”.

Tales medidas reducirían notablemente el número acumulativo de nuevas infecciones y muertes. Este hallazgo es consistente bajo ambos supuestos de infectividad de niños y adultos jóvenes menores de 20 años en relación con adultos (50% y 100%). El equipo encabezado por la especialista Jasmina Panovska-Griffiths observo que “dependiendo de la prevalencia poblacional general de enfermedades similares a COVID-19, lograr este nivel de cobertura con una estrategia de prueba, rastreo y aislamiento probablemente requiera realizar pruebas a un gran número de personas”.

Sin embargo, también “pronosticamos -continuaron- que en ausencia de una cobertura de este tipo suficientemente amplia, la reapertura de las escuelas combinada con la de la sociedad en todos los escenarios podría inducir una segunda ola de COVID-19”. Por ejemplo, los resultados de su modelo sugieren que la reapertura completa sin una estrategia eficaz de prueba, rastreo y aislamiento, resultaría en una segunda ola de infecciones que alcanzaría su punto máximo en diciembre de 2020 y sería 2 a 3 veces el tamaño de la onda COVID-19 original. Los casos luego declinarían y volverían a alcanzar su punto máximo, con una onda 20 veces mayor que la original.

“En nuestro modelo -indicaron-, hemos asumido que la reapertura de escuelas no es un interruptor binario de encendido y apagado, sino que la reapertura de escuelas estaría acompañada de cambios más amplios. La reapertura de la escuela permitiría a los padres volver a trabajar, ya que se prevé que la reapertura de una parte de las empresas sea un paso importante para reiniciar la actividad económica”.

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Sus hallazgos sugieren que la reapertura de las escuelas puede formar parte del siguiente paso de relajación gradual del bloqueo si se combina con una estrategia de prueba-rastreo-aislamiento de alta cobertura. Tal estrategia, para prevenir la transmisión progresiva, posiblemente podría incluir pruebas de virus para infección activa en individuos sintomáticos y posiblemente como parte de la atención primaria, seguida de rastreo de contactos de individuos de la persona infectada y aislamiento de ellas, incluidas las que muestran síntomas o se les diagnostica una infección. Este enfoque sería una alternativa a las medidas de cierre intermitente, incluido el cierre de más escuelas.

La vuelta a clases en Latinoamérica es dispar y compleja. Uruguay fue el primer país de la región en volver al colegio. Lo hizo de una forma gradual hasta que logró abrir todos los establecimientos para fines de pasado junio. En Argentina la primer provincia en retornar a clases fue Jujuy, que lo hizo a mediados de ese mes en escuelas rurales. Brasil o Chile, aún están evaluando la fecha de apertura de los colegios. Otros, comoParaguay y Perúparece que no volverán en lo que queda del ciclo lectivo. La directora de Educación de la Universidad Católica Argentina (UCA), Gabriela Azar, señaló en la presentación de un reciente estudio que “los países menos desarrollados, que no cuentan con una infraestructura escolar, con aulas espaciosas, ventilación natural y con capacidad de tener distancia entre los bancos, van a tener que arbitrar muchas más medidas para evitar contagios como una vuelta a clases escalonada”.

Todas las voces especializadas ofrecen opciones potenciales para mantener abiertas las escuelas y muestran la clara importancia de un seguimiento y pruebas de contactos adecuados. Macartney y sus colegas sugieren que los entornos educativos pueden permanecer abiertos siempre que se implementen medidas, como el rastreo de contactos, la cuarentena e incluso el cierre de escuelas, para limitar la propagación cuando ocurren los casos. Panovska-Griffiths y su equipo sugiere que la reapertura segura de escuelas en el Reino Unido podría ocurrir si el programa se mejora en gran medida. Sin embargo, quedan muchas preguntas, incluso si existen diferencias relacionadas con la edad en cuanto a susceptibilidad y probabilidad de transmisión entre niños y adolescentes.

No hay soluciones rápidas, sin embargo, todos concluyen en que es cada vez más evidente la urgencia de detectar caminos que permitan a los niños y adultos jóvenes regresar a la educación a tiempo completo de la manera más segura y rápida posible.

(Con información de Infobae)